1891 - 1959 (68 años)
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| Nombre |
Florencio de los Ángeles MOLINA CAMPOS |
| Bautismo |
3 Oct 189 |
Basílica San Nicolás de Bari, Buenos Aires, Argentina |
| Nacimiento |
21 Ago 1891 |
Buenos Aires, Argentina |
| Sexo |
Varón |
| Fallecimiento |
16 Nov 1959 |
Buenos Aires, Argentina |
| ID Persona |
I1606 |
Manuel Arcos |
| Última Modificación |
9 Sep 2019 |
| Padre |
Florencio Silvio MOLINA SALAS, n. 9 Jul 1864, Buenos Aires, Argentina , f. 26 Mar 1907 (Edad 42 años) |
| Madre |
Josefina del Carmen CAMPOS CAMPOS, n. 15 Sep 1865, Buenos Aires, Argentina , f. 11 Oct 1932, Córdoba, Córdoba, Argentina (Edad 67 años) |
| Casado |
31 Dic 1888 |
Basílica Nuestra Señora de la Piedad, Buenos Aires, Argentina |
- Testigos: Manuel Ladislao Campos y Florentina Salas de Molina
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| ID Familia |
F608 |
Hoja del Grupo | Family Chart |
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| Notas |
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(/)
MOLINA CAMPOS (/)
Su Obra y Su Legado
Florencio de los Ángeles Molina Campos nació en Buenos Aires el 21 de agosto de 1891. Hijo de don Florencio
Molina Salas y de doña Josena del Corazón de Jesús Campos y Campos, miembros de una familia tradicional cuyos
orígenes se remontan en el país a la época de la Colonia. Entre sus ilustres y heroicos antecesores se cuentan los
generales Luis María, Gaspar y Manuel Campos, entre otros.
Florencio Molina Campos, muy distante del ámbito castrense, pasó su vida
alternando entre la Ciudad de Buenos Aires y los campos de sus padres en los
pagos del Tuyu y General Madariaga, en provincia de Buenos Aires, y Chajarí,
provincia de Entre Ríos.
El 31 de julio de 1920 contrajo matrimonio en la Iglesia del Salvador con María
Hortensia Palacios Avellaneda, hija de don Rodolfo Palacios y de doña María
Avellaneda -integrantes de encumbradas familias tradicionales de nuestro
país-, con la que inició su vida matrimonial en un departamento ubicado en la
calle Paraguay 339.
El 11 de junio de 1921 nació la que sería su única hija, Hortensia, a la que llaman "Pelusa". Tiempo después el
matrimonio se separó de hecho, quedando la tenencia de Pelusa a cargo de su madre María Hortensia. Pelusa,
luego de un largo noviazgo, contrajo enlace con don Antonio ?Buby? Gimenez, hijo único de una familia castrense
tradicional de gloriosos expedicionarios al Desierto. Transcurridos 11 años de matrimonio, nació el que sería
también su único hijo, Gonzalo Gimenez Molina.
En 1926, Florencio Molina Campos -a instancias de sus amigos y aprovechando que sus antepasados eran socios
fundadores y él había sido empleado y en ese entonces ya era socio- presentó su primera exposición en el Galpón
de Palermo de la Sociedad Rural Argentina. Su muestra fue visitada por el Presidente de la Nación, Marcelo T. De
Alvear, quien se convirtió en ferviente admirador de su obra y lo premió otorgándole una cátedra en el Colegio
Nacional Nicolás Avellaneda.
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Durante una exposición que llevó a cabo en Mar del Plata en el año 1927, Florencio conoció a una joven mendocina,
María Elvira Ponce Aguirre, a la que no volvió a ver por un largo período. Años después formaron pareja y
convivieron hasta la muerte de Florencio en el año 1959. Como en la Argentina no estaba legalizado el divorcio, y
por lo tanto no se permitía el casamiento de personas separadas, la pareja contrajo matrimonio sucesivamente en
Uruguay en 1932, Estados Unidos en 1937 y, nalmente, por civil en Buenos Aires el 9 de marzo de 1956, favorecidos
por la Ley Perón.
En 1931 el pintor realizó su primer viaje a Europa y expuso en París. Más
adelante viajaría innidad de veces, invitado por diferentes gobiernos como
representante cultural argentino. Fue profesor de las nuevas generaciones,
tanto en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda como en Bellas Artes.
En esa época inició el contrato para ilustrar los almanaques de la rma
Alpargatas, que se editaron desde el año 1931 a 1936, 1940 a 1945, 1961 y 1962.
Constituyeron, quizá, su obra más difundida, y sobre ellos dijo Ruy de
Solana: ?los almanaques constituían un sinónimo elemental de lo barato y
despreciable. Pero desde que este artista empezó a difundir sus trabajos por
ese medio humilde y anual, los almanaques se convirtieron en la pinacoteca
de los pobres?.
A partir de 1942, Molina Campos estrechó su relación con Walt Disney y fue
contratado para asesorar al equipo de dibujantes para tres películas que los Estudios Disney estaban por realizar,
ambientadas en la Argentina y basadas en obras del artista argentino y en los paisajes que habían visto en sus
viajes a nuestro país.
Molina Campos había sido convocado cuando ya estaba bastante avanzada la primera de las tres películas que
planeaban realizar. El pintor argentino no compartía las extravagancias que el estudio cinematográco quería hacer
protagonizar a los paisanos y, tras varios intentos fallidos por lograr una representación más el del gaucho
argentino, renunció. Ya sin Molina Campos, Disney decidió convertir las tres películas en una sola, que se conoció
como ?Saludos, amigos?.
Como muda huella de su paso por los estudios de la Disney, quedaron las fotografías que se exhiben en el Museo
Florencio Molina Campos entre las que aparecen Walt y sus dibujantes en el rancho Los Estribos, en un viaje
relámpago que hicieron a la Argentina exclusivamente para contratarlo.
En 1944, el pintor formalizó un contrato que se extendería por 10 años en forma consecutiva con la rma
norteamericana Mineapolis-Moline, para la que ilustró entre 1944 y 1958 una serie de almanaques similares a los de
Alpargatas, pero que incluyeron - por sugerencia suya- maquinaria agrícola de esa empresa. Además efectuaron
aches, estampillas y naipes y se reprodujeron los cuadros en diarios y revistas. En 1951, editaron también 12
laminas de los originales de ese año.
El 16 de noviembre de 1959, superado por una enfermedad terminal luego de una infructuosa operación, Florencio
Molina Campos murió en Buenos Aires. Sus restos permanecieron en la bóveda familiar de la Recoleta hasta que,
en la década del 70, fueron trasladados a instancias de Elvirita al Cementerio de Moreno, en donde permanecen.
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Fue la imagen de Florencio la del típico argentino, simpático, entrador, audaz,
excelente bailarín, con un envidiable carisma del que se valía para amenizar
las reuniones a las que concurría. Poseía un fuerte carácter, que rasaba en
ocasiones el mal humor. Era amante de la música clásica, que escuchaba
durante las noches mientras pintaba.
No tuvo una visión comercial de lo que hacía. Pintaba porque le gustaba pintar.
Cuando por la guerra no entraba al país papel canson que utilizaba, pintó
sobre cajas de ravioles, cuyo material reunía buenas cualidades como soporte
de su arte. Jamás proyectó su obra a futuro. Vendía sus pinturas, sí, pero a
precios sumamente módicos para la época, que sólo le permitieron vivir
decorosamente. Pintó innidad de cuadros, probando con diversas técnicas.
Estos al igual que otros detalles de la vida de Molina Campos, surgen de la
cuidada, respetuosa y estudiada biografía escrita por el Profesor Juan Carlos
Ocampo, editada originalmente en 1980 y recientemente actualizada y reeditada, ante el reiterado pedido de
admiradores tanto de la Argentina como del extranjero.
Su técnica de pintura y los cuestionamientos de la época.
En sus obras se plantearon diversas controversias con otros artistas de la
época. Una de ellas era por los horizontes, que él pintaba muy bajos, casi en
una sexta parte de la altura de la pintura. Sostenía, y basta para darle la razón
con mirar los paisajes tan ricos que tienen nuestras pampas, que los
horizontes eran bajos, muy bajos.
Otro aspecto muy controvertido, era que en algunos dibujos mostraba a los
caballos con las cuatro patas en el aire. Fue profundamente criticado por ello.
Él sostenía que pintaba lo que veía. Años después, cuando el cine perfeccionó
sus técnicas, permitió observar en las imágenes cuadro a cuadro que,
efectivamente, hay un momento en el galope del caballo en que sus patas
sobrepasan a sus manos, y el animal está totalmente en el aire.
Denitivamente, Molina Campos era un agudo observador, y tenía una
memoria fotográca única. Al respecto, cabe mencionar que debido a los
ligeros pero agudos detalles de sus obras, estas han sido aceptadas como
referente histórico para quienes deben ?emprendar? un caballo, y los jurados
de tales disciplinas admiten el uso de tal o cual ?pilcha? cuando quien la utiliza se remite a alguna de sus pinturas.
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